El terrorismo islamista, la Gran Recesión, la pandemia... En 25 años todo ha mutado y el planeta, ahora, está engullido por guerras abiertas cuyas consecuencias aún no están claras
Entonces éramos relativamente felices. El efecto 2000 había sido un bluf y el mundo cambió de centuria en paz y creciendo. Los efectos del cambio climático se preveían alejados, para las generaciones futuras. El panorama se transformó con rapidez: todo lo que ocurría llevaba a priorizar la seguridad sobre la libertad, desequilibrando ese binomio tan tradicional que define la calidad de una democracia. El terrorismo en Nueva York, Washington, Madrid, Londres, París, etcétera; la Gran Recesión que sustituyó el neoliberalismo por el keynesianismo como sistema de protección. Un día escuchamos rumores sobre
-animal-y-sugiere-que-no-se-origino-en-el-mercado-de-wuhan.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/sociedad/2021-02-09/la-oms-concluye-que-el-virus-procede-de-un-animal-y-sugiere-que-no-se-origino-en-el-mercado-de-wuhan.html" data-link-track-dtm="">un virus en una lejana ciudad china, Wuhan, que se fue acercando poco a poco a cada uno de nosotros y el mundo se paralizó totalmente durante un trimestre dada su extrema mortalidad. Finalmente comenzaron a llegar las guerras, con una peculiaridad: ya no eran, como antaño, conflictos regionales, sino globales. Ahí estamos. En un cuarto de siglo el mundo ha cambiado para siempre.






