Los bombardeos alcanzan depósitos de petróleo y Teherán acusa a Washington de atacar una planta desalinizadora de agua. El régimen iraní denuncia que se abre “una nueva fase” de la guerra

El antiquísimo sistema persa de irrigación de los árboles de los bulevares de Teherán ―los joob, acequias que recogen el agua de lluvia― ardió en la madrugada de este domingo. Por esos canales había empezado a correr petróleo, después de que Israel atacara durante la noche cuatro depósitos de crudo y un centro de transferencia de productos petrolíferos en las provincias de Teherán y Alborz, según ha confirmado a la agencia oficial IRNA, el director ejecutivo de la Compañía Nacional Iraní de Distribución de Productos Petrolíferos, Keramat Veis Karami.

La explosión causó enormes bolas de fuego y una lluvia ácida que cayó este domingo sobre la capital dejando charcos negros, mientras densas nubes de humo emanaban del incendio de los depósitos, que han ardido durante horas. El bombardeo ha liberado al cielo de Teherán grandes cantidades de hidrocarburos, óxido de azufre y de nitrógeno, productos altamente tóxicos, ha advertido la Media Luna Roja del país.

Estos ataques contra los depósitos de petróleo no han sido los únicos de las últimas horas contra infraestructura de uso civil, según el Gobierno iraní. El ministro de Exteriores del país, Abbas Aragchi, acusó también el sábado por la noche a Estados Unidos de haber atacado una planta de desalinización de agua en la isla de Qeshm, en el golfo Pérsico, de la que dependen al menos 30 localidades para disponer de agua corriente.