Después de meses de controversias, el último clavo en el ataúd político de la exsecretaria de Seguridad Nacional fue una multimillonaria campaña de autopromoción pagada con fondos públicos

No fue solo porque tildara de “terroristas domésticos” a los dos ciudadanos estadounidenses abatidos a tiros por agentes de inmigración en Minneapolis. Tampoco porque autorizara la deportación de más de 200 venezolanos a una cárcel de máxima seguridad en El Salvador, a pesar de que un juez se lo prohibiera. Ni porque usara fondos públicos para comprar dos aviones privados de lujo por más de 60 millones de dólares. Ni porque se rumoreara que tuviera una relación extramarital con un asesor. Al final, el clavo final en el ataúd político de Kristi Noem, la destituida secretaria de Seguridad Nacional y la responsable de ejecutar la dura política migratoria de Donald Trump, fue que se atreviera a llevarle la contraria al presidente.

Después de un año de controversias, el anuncio público de la despedida de Noem llegó el jueves mediante un mensaje de Trump en su red social, Truth. El republicano comunicó su destitución minutos antes de que la funcionaria debiera subir a un escenario en Tennessee para una conferencia ante policías. Ella, por su parte, supo que sería destituida, convirtiéndose en la primera baja del Gabinete de Trump, por una llamada del presidente mientras estaba en camino al lugar. Luego, en el podio en la ciudad de Nashville, dio el discurso que ya tenía preparado como si no hubiese pasado nada.