El presidente de Estados Unidos defiende a su secretaria de Seguridad Nacional de las exigencias de que dimita tras calificar a Alex Pretti de “terrorista”
Todos los ojos estaban pendientes de lo que diría la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, en la reunión mensual de Gabinete de Donald Trump en la Casa Blanca esta semana. Agendada antes de la muerte de Alex Pretti por disparos de un agente federal en Minneapolis el sábado pasado, era la primera ocasión en que la responsable de la operación —y la primera representante del Gobierno que se lanzó a calumniar al enfermero de 37 años al tildarlo de “terrorista” inmediatamente después de su muerte—, comparecía en público. Pero, contrariamente a su costumbre, Trump no abrió turno de preguntas para la prensa. Y, aunque es habitual que en este tipo de actos dé la palabra por turno a todos sus asesores —que se deshacen en elogios al mandatario antes de enumerar sus propios logros—, esta vez solo invitó a hablar a un puñado de ellos. A Noem le permitió guardar silencio.
La secretaria de Seguridad Nacional, de 54 años, es la cara más visible de la dura política migratoria de Trump de redadas y deportaciones masivas. Se ha convertido en uno de los blancos de la indignación pública por la violencia de la policía de inmigración desplegada en Minneapolis, que ha matado a dos ciudadanos estadounidenses (Alex Pretti y Renée Good) y se ha transformado a toda velocidad en la mayor crisis política de Trump en su segundo mandato. Los diputados demócratas reclaman un juicio político o la dimisión de Noem. Bruce Springsteen la menciona —junto al todopoderoso y agresivo asesor de política nacional, Stephen Miller— en su canción dedicada a las protestas, Streets of Minneapolis. Ni siquiera entre la bancada republicana han surgido voces contundentes para defenderla.











