El congreso tecnológico celebrado en Barcelona ha vuelto a dejar en evidencia la debilidad europea en la carrera por la IA

El Mobile World Congress (MWC) cerró ayer en Barcelona las puertas de una edición marcada por las tensiones geopolíticas: de la incertidumbre por la guerra en Irán a las protestas populares contra la presencia de empresas israelíes por la destrucción de Gaza pasando por la ausencia de compañías rusas debido a las sanciones internacionales que pesan sobre Moscú y sobre sus compañías desde la invasión de Ucrania.

La zozobra global —desbocada el sábado, en vísperas de la inauguración, con los ataques de Estados Unidos e Israel y con la respuesta iraní contra objetivos en toda la región— no impidió, sin embargo, que hasta 105.000 congresistas se reunieran en la capital catalana. La cifra es ligeramente inferior a la del año pasado en buena medida debido a la interrupción de los vuelos en los principales nudos aeroportuarios de Oriente Próximo.

Los debates cruciales sobre el presente y el futuro de la tecnología se abrieron paso entre la parte más estrictamente comercial del congreso. La inestabilidad global y los riesgos de la tecnología en materia de ciberseguridad o inteligencia artificial han marcado las conversaciones, pero también lo hizo el debate sobre la prohibición de las redes sociales a los menores. El propio creador de Internet, Tim Berners-Lee, se mostró partidario de prohibirlas por debajo de los 16 años.