La propuesta de un alto cargo de Hacienda para dirigir la Airef es un desprecio a la necesaria apariencia de imparcialidad de las instituciones independientes

Cristina Herrero cerró el pasado martes su etapa al frente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) y, para sustituirla, el Consejo de Ministros propondrá la próxima semana a Inés Olóndriz, actual secretaria general de Financiación Autonómica en el Ministerio de Hacienda. Sobre el papel, el currículum de Olóndriz resulta impecable, con gran formación académica y una dilatada carrera profesional, tanto en el sector público como en el privado. Pero en la práctica, Olóndriz va a tener que evaluar las mismas políticas de las que ella misma ha sido responsable en el Ministerio, como la quita de la deuda a las comunidades autónomas o la propuesta del modelo de financiación autonómica, y su juicio estará inevitablemente bajo sospecha. La controversia está servida. El nombramiento debe ser ratificado por el Congreso.

El Gobierno repite un patrón de nombramientos descuidados que no tienen en cuenta el daño que la imagen de falta de imparcialidad hace a las instituciones independientes del Gobierno. Así ocurrió con José Luis Escrivá, que pasó directamente del Consejo de Ministros a presidir el Banco de España, o Dolores Delgado, que pasó de ser ministra de Justicia a fiscal general del Estado. Son profesionales capacitados para los respectivos cargos, pero sus nombramientos resultaban a todas luces inadecuados. Esta política de nombramientos va en detrimento de la calidad de nuestras instituciones y de la propia democracia.