Salpicada por el ‘caso Epstein’, la compañía trabaja en convertirse en una marca con escasos activos inmobiliarios

Jay Pritzker era un gran amante del hormigón. Este abogado y contable, nacido en Chicago en 1922, abandonó el bufete familiar junto con su hermano para probar suerte en las inversiones en bienes raíces. Un día de 1957, cuando tomaba café en un establecimiento llamado Fat Eddie’s, en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, notó que el lugar tenía un éxito excepcional. Se enteró de que el alojamiento más cercano solía estar lleno y le impresionó que fuera el único cerca de la terminal. Averig...

uó un poco y, por casualidad, la cafetería, como el hotel, llamado Hyatt Von Dehn, estaba a la venta. Pritzker siguió su instinto e hizo una oferta de 2,2 millones de dólares para comprar ambos negocios. Su apuesta dio sus frutos y, tras ese establecimiento en Los Ángeles, se enfocó en construir otro Hyatt cerca del Aeropuerto Internacional de San Francisco.

Con el éxito de un segundo hotel, Pritzker —que, junto a su esposa, fundaría los premios de arquitectura Pritzker en los años 70— y sus hermanos expandieron sus operaciones adquiriendo propiedades en varios aeropuertos clave de Estados Unidos. Esas compras, eventualmente, se convertirían en la multimillonaria empresa internacional que hoy busca aligerar esa carga de activos inmobiliarios que ha acumulado a lo largo de su historia mediante su venta, una estrategia comercial (conocida con el anglicismo asset light) que libera capital y permite un crecimiento más rápido, en la que la cadena firma un contrato de gestión a largo plazo con el propietario del establecimiento como operador.