Los sucesos de Vitoria y Montejurra propiciaron el cese del gobierno de Arias Navarro
Este martes hace 50 años. El 3 de marzo de 1976, a las 15.50, policías armados del acuartelamiento de Vitoria, reforzados por la reserva de Miranda de Ebro, entraron en la parroquia de San Francisco de la capital alavesa, lanzando gases lacrimógenos para expulsar a varios miles de obreros congregados en una asamblea. Según salían, fueron atacados con pelotas de goma y disparos de bala. Murieron instantáneamente Francisco Aznar, de 18 años, y Pedro Martínez, de 27. Romuald...
o Barroso, de 19; Bienvenido Perea, de 30, y José Castillo, de 32, fallecidos horas después, completaron la lista de cinco muertos a los que se añadieron 26 heridos de bala y muchos otros atendidos con lesiones.
Fue el balance de uno de los episodios más graves y trágicos de violencia institucional ocurridos en el inicio de la Transición, según reconoce el Gobierno en una declaración institucional en la que condena “la actuación desproporcionada de la policía armada en aquellos sucesos”. Este primer posicionamiento de un Consejo de Ministros sobre dicha matanza reconoce, además, que “la lucha obrera fue un elemento fundamental en el proceso que condujo a la recuperación de las libertades y la consolidación de un sistema democrático basado en el pluralismo, el diálogo y el respeto a los derechos sociales”.






