Armando Lovera, un biblista peruano radicado en Valladolid, conversa con EL PAÍS sobre el Papa que lo casó, que bautizó a sus hijas y que no ha dejado de contestarle los mensajes pese a sus obligaciones de salvaguardar la fe del mundo

Cada día, León XIV recibe diariamente alrededor de cien kilos de correspondencia. Cartas, paquetes y postales de todas partes. Desde que se colocó el solideo blanco y el anillo del Pescador, el Papa no solo debe responder por las expectativas que despierta su misión en un mundo al filo de la guerra, sino responder en el sentido más literal del término. ...

Armando Jesús Lovera Vásquez temía que “su amigo del alma” no le contestara más los mensajes y que perdieran esa cotidianidad que atesoran desde inicios de los noventa, cuando Robert Prevost era un sacerdote cuarentón que pasaba desapercibido por las calles de Trujillo —una ciudad señorial al norte de Lima— y él uno de los miembros de la casa de formación de la Orden de los Agustinos.

Pero Roberto —como lo llamaba la comunidad al no hallar ninguna dificultad en castellanizar su nombre— no se ha permitido dejarlo en visto. Le contestó el WhatsApp el mismo día en que salió por el balcón de la Basílica de San Pedro. Le contestó poco después cuando Lovera le pidió permiso para escribir un libro sobre él. Y le sigue contestando con la familiaridad de aquellos que se conocen cuando todavía estaban bastante lejos de ser quienes ahora son.