Aparte de resultar un desastre para la acción climática, este acuerdo aumenta los precios de la electricidad, genera dependencia de un aliado incierto y ata nuestro futuro energético a los combustibles fósiles por décadas
La sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos anulando los aranceles de Trump del viernes pasado ha destapado de nuevo las divisiones en política comercial dentro de la Unión Europea. El debate se ha vuelto a abrir, y las instituciones europeas marcan sus posiciones respecto al posible acuerdo comercial EE UU-UE.
Entre las preguntas más controvertidas, Bruselas debate hasta qué punto debe la UE someter su política climática y energética a los caprichos de Trump, razón por la cual este lunes el Parlamento Europeo ha decidido paralizar urgentemente la votación del acuerdo comercial prevista para el martes hasta que EE UU ofrezca una posición clara al respecto. Sin embargo, la Comisión Europea sigue defendiendo el principio de acuerdo que firmaron con Trump el pasado julio, que incluye el compromiso de comprar petróleo y gas de EE UU por valor de 750.000 millones de dólares durante los próximos tres años.
Esto significa que, a un precio de 70 dólares por barril, la UE se compromete a comprar 3.600 millones de barriles anuales, o dos tercios de los 5.530 millones de barriles importados globalmente por la UE en 2023. Cuando este petróleo y gas se quemen, generarán 1,54 GtCO₂ anuales, que son más de la mitad de las 2,4 GtCO₂ anuales emitidas por toda la UE en 2024.






