Francia y el Reino Unido condenan las represalias de Teherán pero evitan criticar los ataques de EE UU e Israel a la República Islámica
La tarea de demolición a martillazos de la ONU emprendida por la Administración de Donald Trump, con Israel de la mano, avanza adecuadamente, como ha quedado claro en la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad celebrada en la tarde de este sábado en Nueva York. A esa ONU alternativa que Trump ha pergeñado con el nombre de Junta de Paz para Gaza puede sumarse la aquiescencia de dos grandes potencias del Consejo, dotadas como Washington del derecho de veto: Francia y el Reino Unido, que no han condenado los ataques contra Irán, pero sí la represalia de Teherán contra objetivos estadounidenses e israelíes en la región.
Ponerse de perfil, con Trump al mando del mundo, parece la opción más sensata si uno no quiere salir mal parado, pero hacerlo explícitamente en contra de la comunidad internacional —encarnada en la figura de António Guterres, secretario general de la ONU, que sí condenó tanto la ofensiva contra Irán como las represalias de Teherán— no parece augurar nada bueno sobre el futuro de la organización.
El Consejo de Seguridad, órgano ejecutivo de la ONU, ha sido esta tarde escenario de fintas diplomáticas para todos los gustos. EE UU ha defendido sin ambages los ataques “para garantizar que el régimen iraní nunca pueda amenazar al mundo con un arma nuclear”. “Esto no es una cuestión de política. Es una cuestión de seguridad global. Y con ese fin, EE UU está tomando medidas legítimas”, un dudoso concepto que según el embajador Mike Waltz describe bien la oleada de bombardeos, también de sitios civiles, como la escuela de Minab.






