Las crías, separadas de sus progenitoras por el tráfico ilegal o rechazadas al nacer, deben ser socializadas lo antes posible para que el grupo las acepte
Chitto, un macaco de Berbería, se aferra a la persona que ha sustituido a su madre desde que fue arrancado de su lado y terminó en la casa de una pareja alemana que lo compró como regalo de cumpleaños de forma ilegal. Lleva arnés, pañal y una correa. No tiene alternativa; la cría, de pocos meses...
, necesita mantener, como sea, el apego materno que le daba seguridad y que le fue arrebatado cuando lo separaron de su madre para venderlo. Chitto se recupera ahora con una madre adoptiva en el centro de rescate de primates y animales exóticos de AAP Primadomus en Villena (Alicante).
En el caso de Punch, el macaco japonés, rechazado por su madre en el zoológico de Ichikawa, donde viven, ese vínculo emocional se ha desplazado hacia un peluche orangután que casi duplica su tamaño y del que no se separa ni para dormir. Las imágenes en las que mira al muñeco con ternura, lo abraza o duerme con él han dado la vuelta al mundo, despertando un sentimiento de solidaridad con el pequeño.
“Necesitan algo a lo que abrazarse, blandito, es lo que se conoce como madre de transición”, explica Miguel Casares, director del Bioparc de Valencia y experto en primates. En zoológicos y centros de rescate o santuarios se ofrecen peluches, mantas, cojines u otros objetos similares a las crías que se quedan sin madre, ya sea por rechazo, fallecimiento o como consecuencia del tráfico ilegal. Les proporcionan así una sensación de seguridad mientras comienza un proceso de socialización complejo, en el que hay que avanzar paso a paso y con paciencia hasta integrarlas en un grupo de su especie.









