Haití vive una crisis humanitaria y de violencia sin precedentes. Este es un viaje de cinco semanas a la capital, la primera de América en ser gobernada por las bandas criminales

Esta historia forma parte del proyecto de Dromómanos y Global Initiative (GI-TOC) La caída de Puerto Príncipe.

El cuerpo de un hombre que mataron esta noche humea todavía. O lo que queda de él. Son casi las cinco de la mañana del 5 de marzo de 2025 y los alumnos de la única escuela que aún abre sus puertas en los alrededores pasarán por esta calle, así que unas mujeres tiraron agua sobre sus restos antes de que se quemara por completo. Al perder la protección de las llamas, los perros y los cerdos le comieron piernas, brazos y cabeza. Solo queda el tronco, que está envuelto por una especie de tupida cabellera negra y larga: son los alambres que llevan por dentro las llantas que lo acompañaron en el fuego. Estamos frente a un mercado callejero del barrio Delmas 95, en la capital haitiana de Puerto Príncipe, la primera de América gobernada por bandas criminales. Estamos dentro del 10% de la ciudad que aún no ha caído en manos de Viv Ansanm, la mayor confederación de bandidos jamás vista en nuestro continente.

Los rayos del sol van espantando de a poco la oscuridad y unas mujeres pasan al lado del hombre sin forma. Se cubren la nariz, el olor es fuerte, pero ninguna lo mira fijo. El mercado comienza su actividad ignorando al muerto. La que no pasa desapercibida es mi presencia. Un grupo de hombres en motos comienzan a vernos con desconfianza, uno grita algo en creole, y avanza hacia nosotros con lo que parece una cadena en la mano. No quiere que fotografíe el cadáver. Solo entiendo “blan” y “journaliste”. Ivander, mi guía, cree que fueron ellos quienes lo mataron, o al menos, quienes lo quemaron.