No queda un asesinato sin resolver en tan idílico entorno alpino para tranquilidad de los lugareños y, suponemos, de los propios telespectadores
Imagínese que usted es un inspector de policía en la complicada e intensa Marsella, la misma en la que Depardieu trataba de intentar controlar. Naturalmente, tanta intensidad criminal fatiga, por lo que el inspector Alex Hugo decide pedir el traslado a un pequeño y ficticio pueblo en los Alpes del Sur, tranquilo y encantador…, pero ¿qué sería de una serie policíaca en la que todo fuera tranquilo y encantador? “Pas possible”, dirían los creadores de la misma. Por lo tanto, nada más llegar el inspector Alex, ahora policía rural, aparece el primer cadáver. ¡Hola, trabajo habitual!, ¡Adiós, retiro placentero! La vida, que es un asco. ...
Claro que, si no es concebible una serie de policías sin asesinatos, también resulta inconcebible que el protagonista no resuelva el caso. Alex Hugo (Cosmo) no es la excepción, ayudado, eso sí, por el jefe de la policía local, el veterano comisario Angelo Batalla, interpretado por un muy curtido Lionnel Astier, con cerca de medio siglo de oficio a sus espaldas.
Añádanle a los indispensables crímenes unos paisajes espectaculares que nuestro protagonista recorrerá sin cesar, animado por su segunda vocación más importante, la de incansable senderista, y el resultado es una serie entretenida sin alcanzar la calidad de The Wire, Los Soprano, más cercana, Les Lyonnais. Nadie ni nada es perfecto.






