¿Es indigno programar una serie con un creador denunciado públicamente por más de 50 mujeres? ¿Es justo que el trabajo de docenas de personas durante semanas quede oculto?
Y de repente todo, o casi todo, son problemas morales. Primero el trasvase de una novela de éxito a la pantalla: ¿Se debe ser respetuoso con el original o resulta inevitable la traición? Y si se opta por el respeto, ¿cómo evitar que chirríen algunos diálogos precisamente por su estilo literario, tan distinto al audiovisual?...
El autor de la novela Terra Alta, primera de lo que será una trilogía, Javier Cercas, ya había triunfado entre el público y la crítica con Soldados de Salamina, adaptada esta vez al cine por David Trueba, y mantiene en cartel televisivo Anatomía de un instante, sobre tres de los protagonistas —Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado— del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Dicho de otra manera: Cercas está en la cresta de la ola y en la Academia de la Lengua desde noviembre del pasado año en que ocupó la vacante dejada por otro autor de éxito popular y crítica, además de cinéfilo reconocido: Javier Marías.
Quizá un currículo como el citado influyera en el innecesario respeto, pues hay parlamentos en algunas de sus secuencias que poco o nada tienen que ver con una conversación que debería aspirar a la credibilidad de lo espontáneo y no a la reflexión ante la hoja en blanco. Claro, de ello no tiene la culpa Cercas como tampoco la tiene de que el director de Terra Alta, Eduard Cortés, se vea inmerso en un gran escándalo cuando en octubre del pasado año 27 mujeres denunciaron en EL PAÍS haber sido acosadas sexualmente por el mencionado Cortés. En la actualidad ya son 55 las víctimas reconocidas.






