Estamos fallando a mil millones de menores en lo que respecta a su seguridad. Prevenir las agresiones contra la infancia fortalece la salud pública, los sistemas de protección social, la resiliencia de las comunidades y la movilidad intergeneracional
Cuando adoptamos la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, nos comprometimos a crear un mundo que invirtiera en nuestros niños, en el que todas las niñas y todos los niños crecieran libres de violencia, explotación y abandono. Esta ambiciosa agenda estableció, por primera vez, objetivos mundiales para poner fin a todas las formas de violencia contra los niños, basados en la Convención sobre los Derechos del Niño.
Hoy, 10 años después, debemos afrontar una cruda realidad: no estamos en camino de alcanzar esos objetivos.
Cada año, la mitad de los niños del mundo son víctimas de la violencia. Sin rodeos, estamos fallando a mil millones de niñas y niños en lo que respecta a su seguridad en sus hogares, escuelas, comunidades, centros de atención y en Internet.
Reconocemos la complejidad del problema y sus consecuencias, que a menudo duran toda la vida y se extienden a lo largo de generaciones. La violencia erosiona todas las inversiones que las familias, las comunidades y los gobiernos realizan en los niños, desde su educación e inclusión social hasta su salud mental y física. La violencia que sufren mil millones de niños y niñas hoy es la misma violencia que socavará la salud, la prosperidad y la estabilidad de nuestras sociedades mañana.






