Imagen de archivo del vagón restaurante del Venice Simplon Orient Express. EFE/EPA/Giuseppe Lami
Antonio Torres del Cerro |
París (EFE).- El reciente veto a los niños en un vagón de negocios de los trenes de la empresa pública SNCF puso a la sociedad francesa en el diván: ¿Por qué crecen las zonas ‘no kids’ en un país que comienza a entrar en una crisis de natalidad?
Para algunos pensadores la causa está en la búsqueda del placer como «valor absoluto»; para otros se trata de un reflejo natural de la emancipación de las mujeres. En ambos supuestos el resultado es el mismo: los lugares de ocio tienden a restringir el acceso a los críos.
«Hay una corriente hedonista, del placer como valor absoluto, en la que se buscan las experiencias positivas ante todo. En ese contexto los niños incomodan», sostiene a EFE el ensayista y profesor universitario francés Olivier Babeau, director del laboratorio de ideas de corte conservador ‘Sapiens’.







