El recinto reúne a la segunda mayor cantidad de aficionados de la historia: 15.221 espectadores
Disfrutan los aficionados de un día radiante, con esa luz inigualable de Valencia que tan bien reflejó el maestro Joaquín Sorolla. Una de esas mañanas que los valencianos concretan con una frase: “Hace día de Fallas”. Y los de fuera, que tampoco acaban de comprender la expresión, la entienden sin entender cuando se quitan el jersey y se ponen las gafas de sol y llenan todas las terrazas y piden unas cervezas y brindan y son felices. La ciudad está llena de gente con camisetas de baloncesto. De Murcia, de Barcelona, de Málaga, de Tenerife, de Vitoria… Disfrutan del día soleado y por la tarde vuelven en peregrinación hacia el barrio de Quatre Carreres, en los lindes de la ciudad,
s://elpais.com/deportes/baloncesto/2025-09-02/un-millon-de-personas-pasaran-por-el-roig-arena-de-valencia-en-el-primer-ano.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/deportes/baloncesto/2025-09-02/un-millon-de-personas-pasaran-por-el-roig-arena-de-valencia-en-el-primer-ano.html" data-link-track-dtm="">para embocar el Roig Arena y disfrutar con las semifinales.
Allí, a ratos baloncesto, a ratos una rave, volumen brutal, la gente ha quedado deslumbrada por otro tipo de luz, la de un recinto despampanante que ha enamorado a hinchas y jugadores. A entrenadores y VIPS. El Roig Arena ha sido el primer campeón de la Copa y todos coinciden en que sería digno de la NBA.






