El relanzamiento del espacio político reivindica más proyecto y menos estrategia; más mejorar la vida de la gente, como diría la vicepresidenta Yolanda Díaz, ausente este sábado

La sala de columnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid se abarrotó enseguida y hubo que habilitar la del cine. Y aun así, se quedó mucha gente sin poder entrar al acto de relanzamiento de Sumar. En el público, notable presencia de sudaderas de algodón de buena calidad y muchísimos pañuelos palestinos. “Alguien de aquí tiene que parecer rojo”, bromeaba uno de ellos. Olía a primavera, a ilusión, a un muy agradable reencuentro de amigos y conocidos. El ambiente hacía parecer posible la unión de la izquierda, la que toma rooibos y magnesio a diario y también esa que considera que no hay hora mala para el gin tonic y Víctor Jara. “Anuncio solemnemente que se ha acabado la melancolía”, declaró Antonio Maíllo, de Izquierda Unida, moviendo mucho los brazos como si fuera a salir volando.

Mientras se esperaba a los comparecientes, sonaba Salvación, de Arde Bogotá, y esa parte de la letra que dice: “Tiene que haber una salida para tanto dolor”. “La cola de gente llega hasta el (hotel) Four Seasons”, contaba una de las personas de la organización. “No, ya llega hasta (la calle) Cedaceros”, apuntaba otra. Madrid amaneció con sol de invierno y los turistas preguntaban por la calle de Alcalá quiénes eran todas esas personas y a quién esperaban.