Llamado el Pogacar del esquí, el noruego consigue el pleno de seis medallas de oro en las pruebas de fondo y, con 11 en tres Juegos de invierno, se convierte en el más laureado de la historia
En el mundo de Johannes Hosflot Klaebo, obsesivo y místico, todo es un asunto de familia.
Más allá de los genes excepcionales, su padre, su madre, su hermano, su hermana, su abuelo, su abuela, todos han puesto un grano para construir al campeón. Y le rodean mientras él, los mofletes colorados, curtidos, tanto viento del norte, del fiordo de Trondheim, de las calles de su Oslo, chocando con su piel suave. Él se mueve el sábado a las 11. Lluvia, luego sol, cinco grados. Gira siete veces por el circuito de 7.150 metros de Val di Fiemme, mezcla de nieve artificial y natural, como a todos les gusta, para ganar la prueba de los 50 kilómetros y su sexta medalla de oro, las seis que componen el programa olímpico de esquí de fondo. Un pleno único que ya había conseguido en los Mundiales del año anterior y repite en los Juegos de Milán-Cortina. Supera el tope de cinco en una sola cita olímpica fijado en cinco oros, todos individuales, por el patinador de velocidad norteamericano Eric Heiden en Lake Placid 80.












