El antiguo monasterio de Pelayos, un vermú de garnacha, un búnker de la Guerra Civil, el Museo Lunar de Fresnedillas y otras sorpresas de una ruta por esta comarca recién incorporada a la Red de Pueblos Gastronómicos de España
La primera foto de la Tierra hecha por un ser humano desde la Luna llegó, antes que a ningún otro lugar del planeta, a Fresnedillas de la Oliva, un pueblo de la Sierra Oeste madrileña que en 1968 tenía pocos habitantes —menos de 500, la tercera parte que ahora—, pero magníficamente bien pagados, porque la NASA había instalado una antena parabólica tipo Cassegrain que era imprescindible para controlar sus misiones tripulad...
as. De hecho, siete meses más tarde, el 20 de julio de 1969, todas las comunicaciones con el módulo lunar Eagle de la misión Apolo 11 se recibieron a través de la estación de Fresnedillas, incluida la que contenía la celebérrima frase de Neil Armstrong: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.
Para salto, el que se puede dar viajando por esta comarca. Será un salto de ocho siglos, porque empezaremos en Pelayos de la Presa, descubriendo las enormes ruinas del monasterio más antiguo de Madrid, de 1150. Y acabaremos en el Museo Lunar de Fresnedillas. No necesitaremos cohetes, módulos ni astromóviles todoterreno: solo un coche normal y corriente. Y para mantener las constantes vitales, nada de alimentos liofilizados ni bebidas en polvo deshidratadas, sino lentejas con chorizo y morcilla de la comarca, carne de vacas felices y algunos de los mejores vinos de Madrid, que por algo la Sierra Oeste acaba de ser admitida en la Red de Pueblos Gastronómicos de España.






