España, Francia y el Reino Unido se plantan ante EE UU y defienden la labor de esta organización en la transición energética

Puede parecer a veces alocada, pero la política de la Administración de Donald Trump de acoso a las energías renovables para beneficiar a los combustibles fósiles está muy medida. Porque la campaña de la Casa Blanca de negación del cambio climático y de las políticas para evitar las peores consecuencias del calentamiento, que pasan por una transición energética para dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón, se modula mucho según dónde tenga que plantear la batalla.

Por ejemplo, EE UU ha decidido abandonar una serie de organismos internacionales y pactos, como el Acuerdo de París y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Pero, en otros casos, ha decidido permanecer dentro con una activa campaña de amenazas para obligar a que se deje atrás la agenda relacionada con el cambio climático. El caso más evidente en estos momentos es el de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

El secretario de Energía de Trump, el exdirectivo de la industria petrolera Chris Wright, ha dado un ultimátum de 12 meses a esta agencia, vinculada a la OCDE, para que deje atrás la “agenda climática”. Wright ha asegurado que su país empleará “toda la presión” de la que dispone para que reniegue de los escenarios que plantean el fin de las emisiones de gases de efecto invernadero, que son principalmente responsabilidad de los combustibles fósiles. Wright ha avisado este jueves en una conferencia de prensa en París de que “si la AIE no es capaz de regresar a su misión inicial” su país dejará de ser miembro de esta agencia.