El Congreso destituye al presidente José Jerí apenas cuatro meses después de nombrarlo

El Congreso unicameral de Perú destituyó ayer de su cargo al presidente, José Jerí, por sus vínculos poco claros con empresarios chinos de dudosa reputación, a quienes visitaba de noche y de forma clandestina en restaurantes de Lima. La resolución del evidente escándalo se ha ido demorando durante un mes por el cálculo de los mismos legisladores que en octubre pasado votaron por Jerí para reemplazar en la presidencia a Dina Boluarte, quien había perdido todo el crédito político por la profunda crisis de inseguridad que vivía el país. La inminencia de las elecciones, previstas para el próximo abril, no detuvo al Congreso. Después de semanas de especulaciones, la Cámara decidió que era mejor cambiar al presidente, cuyo partido, Somos Perú, se define como democristiano, que administrar una situación que ahora solo se agravará.

La destitución de Jerí, un político de escasa relevancia que fue denunciado a comienzos de 2025 por abuso sexual, una causa que se archivó dos meses antes de llegar al cargo, es el resultado de una legislación que da al Parlamento poderes extraordinarios para decidir sobre el futuro del Gobierno. Perú no se rige por un sistema parlamentarista, pero los congresistas se las han arreglado para condicionar a los presidentes de acuerdo a los intereses partidistas de cada momento. El resultado ha sido que ocho jefes de Estado se han sucedido en el curso de los últimos 10 años. De los ocho, siete renunciaron, fueron destituidos o gobernaron apenas unos días al tratarse de cargos de transición. Cuatro de ellos están presos por supuesta corrupción o, en el caso de Pedro Castillo, por un intento de autogolpe de Estado. Especialmente dramático fue el caso de Alan García, quien se suicidó en abril de 2019 cuando iba a ser detenido.