La dura represión policial, que provocó un muerto en Dakar, y la falta de respuesta ante el impago de las becas abren una brecha entre el Gobierno y los jóvenes, que se sienten “traicionados” por los dirigentes a quienes ayudaron a llegar al poder en medio de una aguda crisis de deuda

Residencias universitarias en llamas, jóvenes saltando por las ventanas, policías en el interior del campus lanzando gases lacrimógenos ejerciendo una intensa represión y, la gota que colmó el vaso, la muerte el pasado 9 de febrero del joven estudiante Abdoulaye Ba a causa de los traumatismos provocados, presuntamente, por las fuerzas del orden.

La crisis por las protestas en las universidades de Senegal por el impago de las becas a los estudiantes golpea, precisamente, en uno de los pilares electorales y ciudadanos que impulsó, en 2024, la llegada al poder del actual Gobierno. Asimismo, pone el foco sobre los problemas presupuestarios del Gobierno senegalés, que se ha convertido en el país más endeudado de África, con un agujero en sus cuentas públicas de más de 11.000 millones de euros (el 132% de su PIB).

Desde hace más de una década, las universidades senegalesas viven crisis recurrentes debido a problemas de financiación y, en particular, a los impagos de las becas. Según las cifras del Ministerio de Enseñanza Superior, Investigación e Innovación (Mesri, por sus siglas en francés), tres de cada cuatro estudiantes, unos 150.000 en todo el país, reciben una media de 60 euros al mes para cubrir sus gastos de comida, alojamiento, transporte y material escolar. “Es fundamental para la supervivencia de los estudiantes; muchos vienen de familias pobres y no tienen ni para pagar una mísera habitación. Sin ese dinero yo no habría podido estudiar”, asegura Oumar Gassama, quien se trasladó hasta Dakar desde Sedhiou, en el sur del país, para cursar Filología. “Es nuestro derecho, lo que se está haciendo a los estudiantes es una gran injusticia”, añade.