La represión de las protestas no acabará con las razones profundas del descontento de una generación atrapada

Una ola de descontento, rebeldía y frustración ha sacudido la aparente estabilidad de Marruecos. Desde hace más de una semana, ciudades como Rabat, Casablanca, Tetuán o Tánger son el escenario de protestas callejeras de jóvenes. Las manifestaciones pacíficas derivaron durante varias noches en actos violentos.

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protestas-que-reclaman-mejoras-en-sanidad-y-educacion.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-10-02/dos-muertos-en-marruecos-en-el-asalto-a-un-cuartel-durante-las-protestas-que-reclaman-mejoras-en-sanidad-y-educacion.html" data-link-track-dtm="">Tres jóvenes han muerto. Las protestas están lideradas por el colectivo GenZ 212. Este grupo, que toma su nombre de la llamada generación Z y del prefijo telefónico marroquí, ha puesto voz a una juventud que ha dicho “basta” a un modelo económico que le condena a la exclusión social. El 55% de los menores marroquíes de 30 años quieren emigrar.

El detonante fue la trágica muerte de mujeres embarazadas que se habían sometido a cesáreas en un hospital público de Agadir, un símbolo macabro de la crisis sanitaria. Sin embargo, el problema es mucho más profundo. Marruecos invierte en grandes proyectos de infraestructuras, como la preparación para el Mundial 2030, que Rabat coorganiza con España y Portugal, mientras los servicios básicos se desmoronan. El grito de los manifestantes es “no queremos estadios, queremos hospitales”.