Experta en diseño de políticas de género, publica una guía sobre una justicia frente a las violencias machistas no centrada en el castigo, sino en la transformación
Que Laura Macaya (Barcelona, 46 años) se criara en la lavandería de sus abuelos cuando al barrio del Raval se le llamaba el Chino importa. “Tengo normalizada la convivencia con la violencia cotidiana. No la veo como algo escandaloso ni excepcional; el conflicto es algo habitual en mi vida, incluso desde niña”, explica esta experta en atención directa y diseño de políticas públicas de género y feminismo...
s. Fue en ese local “en el que las vedettes del Molino llevaban sus trajes, mis abuelos escondían a los carteristas de la policía y las trabajadoras sexuales y las mujeres trans formaban parte del barrio con conciencia comunitaria”, donde esta licenciada en Educación Social y con estudios en Derecho normalizó lo que el diccionario define como disidencia.
Concienciada de la importancia de la cultura y la educación desde que empezó a frecuentar los ateneos libertarios en su adolescencia, militancia que combinó con sus trabajos en tiendas de Mango y Zara mientras estudiaba la carrera, antes de la entrevista, Macaya destaca que su perspectiva feminista está atravesada por dos experiencias de violencia muy graves. “Fueron de carácter sexual, pero también físico, con secuestro en domicilio y riesgo de vida. Es importante decirlo porque fue el feminismo el que me salvó y no la policía, que tuvo un trato revictimizador y culpabilizador tremendo en uno de los casos. El feminismo me ayudó a salir del odio y la venganza, que son sentimientos lícitos después de un trauma. Por eso me incomoda la mirada del otro si es una mirada de fragilidad que te reduce al dolor, al daño o al trauma”.






