El Gobierno desarrolla una estrategia nacional con más de 2.000 millones de euros para promover estos avances de gran inversión y resultados inciertos
Las deep tech o tecnologías profundas son, salvando la distancia histórica, como la incesante propuesta de Cristóbal Colón a las principales monarquías de finales del siglo XV para llegar a Asia por una nueva ruta. “Están orientadas a resolver problemas y retos complejos de gran relevancia social y global y tienen un carácter disruptivo, con capacidad de generar nuevos mercados o transformar profundamente los existentes”, según las define el Ministerio de Ciencia español. Aunque no parten de mapas de rutas ignotas, sino de ciencia avanzada, comparten dos características comunes con los planes de Colón hace más de 500 años: precis...
an de grandes inversiones y la incertidumbre sobre los futuros rendimientos de estas es elevada. El Gobierno desarrolla una estrategia nacional en este ámbito con una inversión prevista que supera los 2.000 millones de euros.
El concepto de tecnología profunda es tan ambiguo, como reconoce Raquel Jorge, directora de Asuntos Europeos en la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital) —que aúna a medio millar de compañías, incluidas muchas de las grandes tecnológicas—, que “no hay una definición establecida ni a nivel internacional ni a nivel europeo”. Pero sí están claras sus características: “requiere un capital intensivo y supone mucha incertidumbre sobre los resultados”.






