Los vínculos con el pederasta estadounidense dañan la imagen de la Casa Real y acorralan a varios políticos y diplomáticos del país escandinavo
La sombra de Jeffrey Epstein ha caído sobre Noruega como un golpe que nadie vio venir. El país escandinavo —uno de los menos corruptos y más transparentes del mundo, según numerosos índices— se ha visto sacudido por una espiral de revelaciones que
ris-es-bueno-para-el-adulterio.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-02-01/cientos-de-mensajes-entre-epstein-y-la-princesa-mette-marit-de-noruega-ponen-a-la-casa-real-en-la-picota-paris-es-bueno-para-el-adulterio.html" data-link-track-dtm="">salpican a su monarquía y a varios de sus políticos y diplomáticos más influyentes, cuyos vínculos con el pederasta estadounidense han salido recientemente a la luz. El escándalo ha mermado la confianza de la ciudadanía en las instituciones noruegas y amenaza con dañar la reputación internacional del país.
El episodio que ha generado mayor atención en la prensa extranjera es el que afecta a Mette-Marit. La princesa heredera consorte conoció a Epstein en la Nochebuena de 2012 en San Bartolomé, una diminuta y exclusiva isla francesa en el Caribe. La Casa Real sostuvo hace años que habían coincidido por azar, pero unos correos electrónicos revelados a finales del pasado enero por el Departamento de Justicia de Estados Unidos muestran que fue un encuentro cuidadosamente planificado.







