La representante de la organización para la infancia explica que lo que han sufrido los menores es inimaginable, en un territorio donde más de 20.000 niños han muerto en los bombardeos israelíes y unos 56.000 han perdido a uno o a los dos progenitores
Sonia Silva responde a la llamada de este periódico desde su oficina en Deir el Balah, en el centro de Gaza. Su prioridad ese día es que un equipo de Unicef logre llegar a un lugar donde se trataban las aguas residuales y que sería crucial reparar. Pero ni los permisos israelíes necesarios ni la suerte han estado de su lado y habrá que armarse de paciencia y volver a intentarlo al día siguiente. “Aquí no hay ninguna normalidad. Puede ocurrir de todo y hay que estar preparada y adaptarse”, resume.
Esta mexicana de 47 años, jefa de la oficina de Unicef en la Franja, llegó a Gaza en noviembre de 2023. Desde entonces, sale algunos días para descansar, pero no se plantea no regresar a Gaza, a pesar de que intentar brindar un mínimo de protección a la infancia en medio del colapso humanitario la ha puesto a prueba cada día hasta hoy. “Hay momentos de mucha frustración e impotencia. Pero cuando se ve algún cambio tangible, cuando un pequeño te sonríe o una señora te dice ‘por favor, no se vayan porque ustedes son nuestra protección’, eso nos motiva”, detalla en esta entrevista, hecha por videollamada.






