El jugador del Barcelona, al que la mayoría de las cosas “le resbalan”, según su entorno, explotó la pasada semana después de que se publicaran informaciones falsas sobre una presunta agresión sexual en su casa

A veces condicionado por una madurez forzada, otras atrapado en la era de la inmediatez, en general impasible a lo que lo rodea, a Lamine Yamal cuesta sorprenderlo. Y eso que tiene 18 años. ...

Lo saben en el Barcelona, por supuesto —el equipo se mide hoy al Girona en Montilivi (21.00, DAZN)—, pero sobre todo sus amigos Mohamed y Sohaid —más conocidos en el entorno azulgrana como Moha y Soha— que han estado a su lado desde que una de las grandes estrellas del fútbol era solo un chavalín en las calles de Rocafonda (Mataró).

Esa firme impasividad se conmovió, sin embargo, al entrar por primera vez en su nueva casa, la que había pertenecido a Shakira y Gerard Piqué. Cuando entró en lo que ahora es su habitación, Lamine Yamal se quedó pasmado ante el tamaño del pie de cama. ¡Era más grande que su cama en Rocafonda! Una cama que, en ocasiones, le tocaba compartir con su padre.

A sus amigos les sorprendió la capacidad de sorpresa de Lamine. Y la celebraron. Se alegraban, de alguna manera, de que la vorágine de la fama y el éxito también le resbalara a Yamal. Nunca olvida de dónde viene y, a veces, sí permite maravillarse de lo que ha conseguido. “Lamine tiene una ventaja respecto a los demás: es muy inteligente, tiene mucha experiencia y ha aprendido muchas cosas en su vida”, contaba Deco, director deportivo del Barcelona, en una entrevista al diario Sport. “Tiene una gran madurez para un chico de 18 años”, suele destacar Luis de la Fuente, seleccionador de España. Desde el Barcelona, un empleado cercano al vestuario intenta explicar la normalidad de lo anormal en Lamine: “Es como si tuviera una resina en la piel. La mayoría de las cosas le resbalan”.