El papel de los grandes inversores en la criptomoneda cambia la naturaleza de sus movimientos y abre interrogantes sobre su concentración en pocas manos

La naturaleza especulativa del bitcoin y un ejército de seguidores reclutado en la cultura popular de Internet ha hecho de la imprevisibilidad su marca, pero la criptodivisa más popular parecía haber cambiado de piel en el último año. Con la llegada de Donald Trump, el primer criptobro presidente de Estados Unidos, la promesa de una época dorada para el mercado y una regulación favorable impulsó la entrada en esta industria de nuevos jugadores: grandes bancos, gestoras, aseguradoras, empresas e incluso gobiernos. La criptomoneda ganó impulso, pero todo ha quedado en una ilusión. El mercado cripto ha evaporado casi la mitad de su valor desde julio y bitcoin se ha desplomado más de un 45% desde sus máximos de octubre. A diferencia del pasado, no hay escándalos ni problemas internos a la base de esta crisis y todo apunta a motivos que bien habrían cabido en un periódico salmón de hace 100 años: pausas en las bajadas de tipos, aversión al riesgo, tensiones geopolíticas y riesgo de sobrevaloración. Elementos que llevaron a una retirada masiva de grandes inversores, decisivos en los movimientos de precio.