El recorte en la subvención pública de Madrid al Círculo de Bellas Artes empobrece la ciudad entre sospechas de sectarismo

El drástico recorte de la subvención pública de la Comunidad de Madrid al Círculo de Bellas Artes despide un ineludible aroma a un intento de condicionar la programación de esta institución imprescindible en el paisaje cultural madrileño. El modelo de subvención nominativa que recibía ha sido sustituido por otro en el que se financian los proyectos que la consejería considere de interés. El temor a que se imponga un sesgo de manera implícita en la programación está justificado y ha sido alentado por la confusión a la hora de explicar los criterios.

Desde 1983, cuando se creó el consorcio público-privado que gestiona el Círculo de Bellas Artes, la Comunidad de Madrid otorgaba una cantidad fija que el centro gestionaba de manera independiente (250.000 euros al año en los últimos tiempos). Desde el año pasado, se financian solo proyectos concretos. Este año la ayuda se limita, por el momento, a 12.500 euros. Recortar la independencia del Círculo para gestionar el dinero amenaza con reducir la pluralidad de los proyectos que ofrece. Hacerlo por motivos sectarios sería, además, un indicio preocupante de una vocación de sometimiento de la cultura por parte del PP.