El estadounidense estuvo 12 años sin jugar, retirado por las lesiones y su adicción, y ahora vuelve a lograr un título en un regreso que conmueve al golf mundial
La vuelta a la vida es una expresión literal en el caso de Anthony Kim, el golfista estadounidense que este domingo ha escrito en Adelaida una de las historias más sorprendentes y conmovedoras del deporte mundial. A los 40 años, Kim ha ganado el segundo torneo de la temporada de LIV, la Liga suadí, bajo el sol australiano, y en su abrazo a su hija Isabella, que corrió junto a papá después del putt victorioso, en las lágrimas de un rostro que cuenta el pasado y en sus palabras cargadas de dolor se escondía una resurrección que va más allá del golf.
Anthony Kim era una estrella del circuito americano, un joven destinado a la gloria, cuando las lesiones y su adicción a las drogas y el alcohol acabaron con todo. Dejó el golf y los médicos le dieron por sentenciado: “Despídete de tu familia”. Pero Kim se agarró al último hilo de luz, y sobre todo al nacimiento de su hija, para darse una segunda oportunidad. Cuando LIV le invitó a jugar en su Liga, el hombre llevaba 12 años retirado y sin apenas coger un palo. Había desaparecido. Aquello parecía solo una operación de mercadotecnia. Para él, sin embargo, era más que eso. Era volver a vivir. Y ahora, a ganar 16 temporadas después de su última victoria. El triunfo ha dejado con la boca abierta al deporte porque no solo es que nadie daba un duro por su carrera, sino que ni él mismo estaba seguro de seguir en este mundo.






