El escándalo por la difusión de la criptomoneda se volvió el pecado original de un presidente que se comparaba con Moisés
Hay manchas en la vida que manchan dos veces. Manchan cuando ocurren y manchan cuando intentamos borrarlas, como ahora lo sabe y lo padece el presidente argentino Javier Milei. Lleva, hoy, un año intentando quitarse de encima la mancha del “caso $Libra”, pero cuanto más intenta despegarse aplicando prácticas de la más rancia “casta”, más evidente resulta la mácula.
$Libra comenzó a mancharlo la noche de San Valentín del año pasado, cuando Milei difundió el “contrato” para comprar ese criptoactivo en su cuenta de la red X. En cuestión de minutos, la valuación del “memecoin” superó los 4.000 millones de dólares para luego derrumbarse, lo que provocó que miles perdieran dinero y unos pocos ganaran fortunas.
Doce meses después, sabemos hoy que los involucrados se movieron con información privilegiada —”insider trading”—, que actuaron de manera coordinada para extraer más de 100 millones de dólares —un “rug pull”, en la jerga—, y que el rol de Milei no fue casual, ni mucho menos.
En los días que siguieron, ya manchado, el Presidente intentó despegarse. Empezó con una entrevista preparada en la que digitó las preguntas y editó sus respuestas, y aun así comparó a los inversores –a los que él había convocado a invertir en la economía real argentina- con apostadores de casino. “Si perdés plata, ¿cuál es el problema?”, desafió.






