La rivalidad cada vez más manifiesta entre Riad y Abu Dabi está redefiniendo la arquitectura de seguridad, los bloques de alianzas y el equilibrio de fuerzas a lo largo y ancho de la región
Lo que debía ser un envío encubierto de material militar terminó siendo la gota que colmó el vaso. El último fin de semana de diciembre, dos buques que habían partido del puerto emiratí de Fujaira atracaron en la ciudad yemení de Al Mukalla tras desactivar sus sistemas de rastreo y descargaron armamento y vehículos de combate. El cargamento estaba destinado a un grupo secesionista del sur que, semanas antes, había tomado el control de dos provincias fronterizas con Arabia Saudí después de expulsar a las fuerzas gubernamentales, apoyadas por Riad.
La maniobra enfureció a las autoridades saudíes, que procedieron a bombardear el alijo. Horas después, su ministerio de Exteriores acusó públicamente a Emiratos Árabes Unidos de haber dado pasos “extremadamente peligrosos” y afirmó que toda amenaza a su seguridad nacional representa “una línea roja”. También instó a Abu Dabi a retirar sus fuerzas de Yemen “en un plazo de 24 horas”. Emiratos salió rápidamente al paso y rechazó lo que calificó de “inexactitudes fundamentales”, pero aun así declaró que evacuaría sus posiciones en el país.







