La declaración pública bañada en lágrimas del esquiador Sturla Holm Laegreid tras ganar la medalla de bronce tiene más de control y de manipulación que de disculpa. Que su televisada tristeza no vele lo que sus palabras esconden
“Hace seis meses conocí al amor de mi vida: la persona más hermosa y amable del mundo. Hace tres meses cometí mi mayor error y la engañé”, dijo Sturla Holm Laegreid tras ganar la medalla de bronce en la prueba combinada de esquí de fondo y tiro con rifle de los Juegos Olímpicos de invierno. Una lastimera disculpa pública digna de un show de Jerry Springer, un arrepentimiento televisado en el momento menos oportuno y una manipulación emocional de manual avanzaron por la pista ante las palabras del noruego, que situó a su ex pareja, sin que ella lo pidiera, en el centro del relato. Y al hacerlo, en un despiadado y paradójico giro, ella podría convertirse a ojos de muchos en la villana de la historia. En quien no perdona a ese hombre tan arrepentido de haber cedido a sus instintos que ha decidido que su gran momento olímpico se convierta en una disculpa con acuse de recibo. Un hombre que por cierto, estaba tan enamorado que a los tres meses de comenzar su relación, fue infiel al que asegura es el amor de su vida.











