El vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, durante un viaje histórico al país del Cáucaso Sur, refuerza el apoyo a Nikol Pashinyan de cara a las elecciones de junio

La visita del vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, a Armenia, que comenzó el lunes y prosigue este martes, no es un gesto protocolario más dentro de la agenda diplomática de Washington, sino un acontecimiento de profundo significado político y estratégico para la región. Por primera vez desde que Armenia se independizó de la URSS en 1991, un vicepresidente estadounidense en ejercicio pisó suelo armenio, un hecho que por sí solo refleja el creciente interés de Estados Unidos en el Cáucaso Sur y en el papel que Armenia puede desempeñar en

es.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2025-12-31/armenia-y-azerbaiyan-escenifican-el-acuerdo-de-paz-de-trump-con-timidos-intercambios-comerciales.html" data-link-track-dtm="">la reconfiguración regional posterior a décadas de conflicto. Además, la visita deja acuerdos económicos muy concretos, como el que permitirá a empresas estadounidenses participar en proyectos de energía nuclear en Armenia.

El viaje se produce en un momento decisivo para el país. Tras más de 30 años de enfrentamientos intermitentes con Azerbaiyán por el enclave de Artsakh, también conocido como Nagorno Karabaj, el conflicto culminó en la ofensiva militar de 2023 y en la expulsión forzosa de más de 100.000 armenios del territorio, hoy bajo control de las fuerzas azeríes. En agosto de 2025, Armenia y Azerbaiyán firmaron en Washington una declaración de principios orientada a la paz, la normalización de relaciones y la reapertura de rutas de transporte regionales bloqueadas durante décadas, con Estados Unidos como principal mediador.