El autor vuelve a la comedia negra con su nueva obra, ‘Será por dinero’, protagonizada por un investigador incapaz de saltarse la más mínima norma
“Yo no sé si se me ocurrió antes el nombre o el personaje. Creo que se me ocurrieron a la vez, pero seguro que fue en la ducha”, bromea Aitor Marín (San Sebastián, 58 años). Periodista y escritor, vuelve a la novela negra con Será por dinero (Siruela), en la que un detective absolutamente opuesto al cliché acaba enredado en la muerte del empresario hostelero Ramón Glasé y su pintoresca familia. “El nombre es importante”, confiesa Marín, que se siente orgulloso del gran hallazgo narrativo de su nuevo libro: Pascual Cordero. “Es que uno lee el nombre y dice: es un hombre ya totalmente dirigido al sacrificio”. Y tanto....
Marín, escritor y periodista con más de tres décadas de oficio (actualmente trabaja en EL PAÍS), ha creado una novela negra que se ríe de sí misma, que se apiada de su protagonista y que observa el mundo con una ironía educada, casi compasiva. Cordero es un detective ajeno al cliché y con una característica que arrastra casi todas las acciones de la novela: es incapaz de saltarse la más mínima norma. No bebe, no fuma (hasta tiene respeto por las bebidas con cafeína), sigue a rajatabla las instrucciones viales, paga con céntimos exactos, es incapaz de declinar una oferta. “Estamos llenos de detectives con un trauma, con un código moral propio, tipos que se saltan las normas para restaurar la justicia a lo Charles Bronson. A mí me interesaba darle la vuelta: un personaje que no puede saltarse ninguna norma, que vive en una rigidez absoluta”. Para Marín, en el fondo, esto supone no tanto una elección estética sino moral: “En estos tiempos en los que es más condenable señalar al mentiroso que mentir, creo que merecía la pena reivindicar a través de Cordero la honradez y la fidelidad a los principios”. Sobre todo, dice Marín, “cuando uno es pobre, y estos principios son quizá lo único que nadie nos puede arrebatar. Quería hacer un personaje honrado. Aunque parezca un pringado”.






