La competición desafía los estereotipos de género en medio de un ambiente de retroceso de los derechos LGBTQ+ en Estados Unidos

La primera vez que Elena Tebb acudió a un rodeo tradicional comprendió de inmediato que aquel no era su lugar. Las pruebas más rudas en las que deseaba competir estaban reservadas a hombres. “Ser lesbiana y visiblemente queer era una barrera para mí”, dice. ...

Todo cambió este año con su debut en el rodeo queer, una competición donde todas las categorías están abiertas a todos los participantes, sea cual sea su identidad de género. “Encontré un lugar donde perseguir mis sueños”, dice. No tardó mucho en empezar a cumplirlos. Tebb resultó campeona de una de las pruebas tradicionalmente masculinas más duras: sujetar a un novillo desde su salida del corral, arrastrarlo a la fuerza hasta una línea a tres metros de distancia y derribarlo en menos de 60 segundos.

Así es el rodeo queer: vaqueras como Tebb doman a toros salvajes, fornidos jinetes sortean grácilmente obstáculos y cowboys drag queen con pestañas postizas forcejean en el barro contra el ganado en una competición que reivindica la diversidad sexual desafiando los clichés asociados con una de las tradiciones de reputación más conservadora en Estados Unidos.