La generación que sufrió los rigores del llamado Periodo Especial se enfrenta a una vejez de miseria e incertidumbre
“Lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo”. Es una de esas frases populares que los cubanos llevan toda la vida escuchando de sus abuelos, ante situaciones difíciles de la vida cotidiana. Este viernes, Ana Julia T. (68 años) no pudo evitar soltarla, sentada frente al televisor de su casa, mientras las autoridades informaban de algunas de las medidas de contingencia relacionadas con el consumo eléctrico, el transporte, el trabajo y la educación, para sobrellevar la actual escasez de combustible que sufre la isla, fruto del bloqueo energético impuesto por la Administración de Donald Trump.
Ella pertenece a una generación que ha vivido, desde los inicios del proceso político, bajo el Gobierno de los Castro. Como el escritor Leonardo Padura refleja en su más reciente novela, Morir en la arena, son personas que se sacrificaron, hicieron todo lo que sus líderes demandaron y a la edad de jubilarse, mientras la utopía se desvanecía, se dieron cuenta de que no tenían nada. Ni siquiera dinero suficiente para comprar insumos básicos.
Por eso, gente como Ana Julia T. se ha visto obligada a “inventarlas en el aire” para poder seguir adelante, aunque sin esperanzas ni de una mejoría del país ni de un cambio. Eso se refleja en el tono resignado de su voz. “Yo me he echado la película completa. A mí no hay quien me haga un cuento a estas alturas”, dice, incrédula con la capacidad de las autoridades para dar certidumbres a la población en medio del mar de peligros que acechan a una sociedad fracturada, frustrada y en crisis acumulativa.






