En medio de un liderazgo gerontocrático y masculino, emergen políticos más jóvenes y de perfil bajo que ya ocupan puestos de poder, como el sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro

Ni tiene cuenta de X, ni de Facebook, ni se sospecha dónde o cómo vive, y la gente ni siquiera intuye exactamente de quién se trata. “Nunca he oído hablar de él”, dice la trabajadora de una panadería en Bauta, un municipio al oeste de La Habana. “Ni idea de quién es”, responde una ama de casa de Pinar del Río cuando le preguntan si conoce a Óscar Pérez-Oliva Fraga, el sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro y quien, según varios analistas, podría desempeñar en Cuba el mismo rol de Delcy Rodríguez en Venezuela. Es el tecnócrata que reúne las condiciones para ocupar el puesto de presidente de Cuba en caso de negociaciones con Washington. Su perfil es discreto, una buena señal en la estrategia de supervivencia del linaje castrista, si decidieran apostar por su ascenso.

Pérez-Oliva Fraga, el ingeniero electrónico de 54 años que ha se ha posicionado aceleradamente en la cúpula de poder habanera en los últimos meses, acumula varias de las razones por las que algunos expertos piensan en él como una ficha política ante la incertidumbre que presupone el actual momento de tensión. Es hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, la hermana mayor de Fidel y Raúl. Tiene, casi comprimidos en el cuerpo, los rasgos físicos del apellido: facciones bien definidas, medio severas, ojos pequeños, y un destello casi marcial en el rostro. No porta, sin embargo, el “carisma” que ostentaba alguien como Fidel. Sergio López Rivero, profesor de Historia de Cuba que ha estudiado el proceso histórico del castrismo, cree que el personaje “carece de la relación con la masa que necesitan los líderes populistas, y de toda la objetivación mítica que en los orígenes rodeó a sus antepasados”.