Bruselas debería empujar un proceso de resurrección o de rescate de la OMC con el fin de reformarla o crear otra de nuevo cuño
Los recientes tratados comerciales de la UE profundizan su relación con los socios mayores del grupo semi-no-alineado de los BRICS: Brasil (a través de Mercosur) y la India se añaden al pacto de libre comercio firmado en 1999 con Suráfrica y ampliado luego a sus vecinos. Y se flanquean de otros trabados con diversos socios occidentales (Canadá, Japón, A...
ustralia), pertenecientes al grupo transpacífico.
Todo ello alimenta, casi en sordina y empezando por lo económico, el propósito de una alianza entre “potencias medias” como alternativa a un “mundo de fortalezas” refractarias entre sí. En la línea propugnada en Davos por el canadiense Mark Carney.
Y que ha seducido tanto a dirigentes políticos como a una pléyade de analistas relevantes. Como Anne-Maie Slaughter, de New America (“Es la hora de las potencias medias”, Project Syndicate); Martin Wolf, (“La realidad de un mundo tras la ruptura”, FT,) o Manuel Alejandro Hidalgo “Carney: el barquero y sus verdades”, Cinco Días).







