Con la treta, los esquiadores buscarían ampliar el tamaño de sus trajes, ganando así superficie y, por tanto, tiempo de vuelo, lo que se traduciría en más metros de salto

Puede parecer broma, tal vez un titular sacado de contexto, pero es real. Desde hace semanas corre el rumor de que algunos de los más relevantes saltadores de esquí del planeta, citados todos ellos en los Juegos Olímpicos que arrancan este viernes en la imponente blancura de los Dolomitas, estarían valorando la posibilidad de recibir una inyección de ácido hialurónico en el miembro viril para aumentar su tamaño y mejorar así el resultado de los saltos.

La sorprendente ocurrencia tiene, no obstante, explicación científica. Cuanto más holgado sea el tejido del traje (elaborado con nailon, poliéster y licra), mayor superficie de resistencia tendrá el atleta durante el salto, esto es, más sustentación aerodinámica y, por tanto, más facilidad para volar más lejos. De este modo, si un esquiador aumenta ligeramente el espacio entre su cuerpo y el traje —el reglamento establece que debe haber una tolerancia de entre dos y cuatro centímetros—, podría ganar, según un estudio publicado el pasado octubre en la revista científica Frontiers, algo más de cinco metros en su salto.