El necesario debate sobre los abusos de las grandes tecnológicas es profundo y debe resolverse de la mano del Congreso y de Europa

El anuncio de que el Gobierno quiere regular las redes sociales para, entre otras cosas, prohibir su uso a menores de 16 años ha provocado una agresiva respuesta por parte de los dueños de dos de las plataformas digitales más utilizadas. El primero en reaccionar fue Elon Musk, dueño de X (antes Twitter), que calificó al presidente del Gobierno de “fascista totalitario” y “tirano y traidor al pueblo de España”. Musk, que no hace esfuerzos por ocultar sus opiniones racistas y tránsfobas, ya había tenido un encontronazo virtual con Sánchez días antes al difundir a través de su red social bulos sobre el anuncio de la regularización extraordinaria de inmigrantes que pretende el Ejecutivo.

El miércoles se sumó a la ofensiva Pável Durov, fundador de la plataforma de mensajería instantánea Telegram. En un mensaje no solicitado enviado a todos los usuarios de la aplicación en España (se calcula que está descargada en más de cinco millones de dispositivos) Durov cargó contra “unas normativas peligrosas que amenazan las libertades digitales”. Ayer, Sánchez respondió a Durov: “No podemos permitir que se meta en millones de móviles para contar mentiras”. Y redobló su desafío a lo que lleva meses calificando de “tecnooligarquía”: “La voz de la democracia no será doblegada por los amos del algoritmo”.