Un estudio pionero revela que un primate es capaz de seguir el rastro de objetos no existentes, como zumos y uvas, una habilidad que podría indicar un legado evolutivo compartido

A primera vista, la escena no tiene nada de extraordinario. Una mesa baja, dos tazas transparentes y una jarra vacía. Frente a frente, Christopher Krupenye, profesor de la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos) y un bonobo de 43 años llamado Kanzi participan en lo que parece una fiesta de té de Alicia en el país de las maravillas, pero sin teteras ni galletas. El científico inclina la jarra sobre una taza y luego sobre la otra, como si sirviera un líquido invisible. Después, vacía una de ellas, agitando el recipiente para asegurarse de que no quede ni una gota imaginaria. Luego mira a Kanzi y le pregunta, “¿dónde está el zumo?”. El primate levanta el brazo y señala la taza correcta que ―según las reglas del juego― lo contiene, desafiando por completo una de las fronteras más arraigadas de la psicología comparada.

Este sencillo gesto es el corazón de un nuevo estudio que se publica este jueves en la revista Science y que abre el debate sobre si los humanos son realmente los únicos capaces de visualizar lo que no existe. Se trata de la primera evidencia experimental de que un primate no humano puede generar representaciones secundarias, un tipo de pensamiento que permite mantener en la mente un estado imaginario sin confundirlo con la realidad. “Ya contábamos con indicios en otras especies, pero no disponíamos de pruebas empíricas de que fueran capaces de comprender la simulación”, explica a EL PAÍS Amalia Bastos, coautora del hallazgo y docente en la Universidad de St. Andrews (Escocia).