El nuevo consejero delegado tendrá que lidiar con la IA y gestionar los cambios en los hábitos de consumo de los aficionados

Cuando Josh D’Amaro era un veinteañero tuvo una revelación. Estudiaba pintura y escultura en el Skidmore College en Saratoga Springs, una universidad famosa por su formación artística con un inspirador lema: “El pensamiento creativo importa”. Eran las dos de la mañana y D’Amaro seguía soldando una escultura de casi cuatro metros, que representaba una figura humana abstracta alzándose hacia el cielo, como persiguiendo un sueño. En ese instante pensó cómo diablos podría mantener a su familia con ese trabajo. Al día siguiente se matriculó en Georgetown para estudiar marketing, según contó años más tarde.

D’Amaro tiene ahora 54 años y esta semana ha sido elegido como el nuevo consejero delegado de The Walt Disney Company, el mayor grupo de entretenimiento del mundo, en sustitución del veterano Bob Iger. Nacido en Medfield, un pequeño pueblo de 12.000 habitantes a 45 kilómetros de Boston, este ejecutivo tiene el desafío de mantener el timón de la conocida como Casa de los Sueños en plena revolución tecnológica, cuando la inteligencia artificial (IA) está empezando a colonizar el proceso creativo de la industria. No son pocos los retos que tiene por delante: deberá gestionar la decadencia de las televisiones tradicionales; Disney es propietaria de ABC, una de las tres mayores cadenas estadounidenses. Además, tendrá que buscar soluciones a la reducción de visitantes a sus parques de atracciones por la disminución del turismo en Estados Unidos ante la política migratoria de la Casa Blanca actual. También por la crisis de la asequibilidad que golpea el bolsillo de las familias estadounidenses. Entretanto, deberá cultivar sus dotes diplomáticas para sobrevivir a Donald Trump.