De Francia a California, crecen las voces que plantean corregir la brecha fiscal que separa a una mínima élite del resto de los ciudadanos para diseñar un sistema tributario más justo que refuerce las bases del contrato social y la propia democracia

En las últimas décadas, la desigualdad económica ha crecido de forma notable en muchas partes del mundo, poniendo en riesgo el funcionamiento del modelo económico y de la propia democracia. Mientras una élite minúscula concentra una proporción cada vez mayor de la riqueza, amplios sectores de la población afrontan dificultades para acceder a la vivienda, la educación o la salud....

La brecha se agranda a la hora de pagar impuestos, ya que el tipo efectivo que pagan los multimillonarios es notablemente inferior al del resto de la población.

El periodista Andreu Missé defiende que aplicar un impuesto a los patrimonios superiores a los 100 millones es la vía para someter a los multimillonarios al impuesto sobre la renta. Para el profesor Jesús Huerta de Soto elevar la fiscalidad que soportan las rentas altas castiga el ahorro y la inversión y aumenta el poder discrecional del Estado.

Gabriel Zucman, profesor en la Escuela de Economía de París y catedrático de la Universidad de Berkeley en California, se ha propuesto acabar con la mayor injusticia fiscal del siglo XXI. Su propósito es que los multimillonarios paguen impuestos como los demás ciudadanos. Tras años de investigación, ha llegado a la conclusión de que las “personas inmensamente ricas” burlan sus obligaciones fiscales alojando sus beneficios en sociedades holding y otros sistemas perfectamente legales.