El religioso, que pagaba a indigentes a cambio de sexo, fue asfixiado en su casa en 2024
El único acusado del asesinato del canónigo de la catedral de Valencia es culpable. Un jurado popular de nueve miembros –que ha contado con siete votos favorables, los mínimos requeridos- ha comunicado este martes este veredicto tras escrutar decenas de pruebas y testimonios que la semana pasada se expusieron durante las cinco sesiones del juicio del caso. El jurado estima que el reo actuó en connivencia con otra persona, que fue el autor material del asesinato y que no fue ni investigado ni detenido. Y considera probado que el acusado también robó la tarjeta del canónigo y sacó dinero en efectivo de los cajeros.
Tras escuchar el veredicto, el fiscal, Antonio Gastaldi, ha solicitado al juez que imponga al procesado 28 años de prisión por los delitos de asesinato, estafa y robo. El magistrado deberá dictar en los próximos días la sentencia tras la decisión del jurado.
El canónigo de la catedral de Valencia Alfonso López Benito, conocido en los cenáculos eclesiales como don Alfonso, fue asesinado en enero de 2024, cuando tenía 79 años. Ocurrió en su céntrica residencia de la ciudad, tras la sede arzobispal. La investigación destapó que el pastor, que asesoraba al arzobispo de la ciudad, Enrique Benavent, acostumbraba a subir desde 2017 a su casa a decenas de indigentes, toxicómanos y discapacitados para ofrecerles alojamiento, comida o dinero a cambio de sexo. Tras hallar su cuerpo, que apareció desnudo, boca arriba, con signos de asfixia y con la cara repleta de arañazos, la policía detuvo en menos de 24 horas al único acusado, un cocinero peruano de 43 años que aterrizó en Valencia en 2022. El posicionamiento de su móvil, según las pesquisas, situaba al procesado en la zona. Durante el juicio, el reo reconoció que, tras el crimen, llamó nueve veces al banco del clérigo para tratar de conseguir el pin de su tarjeta. Y que, tras la negativa de la operadora, descubrió que la clave estaba en la funda del teléfono del cura y sacó 2.500 euros de cajeros. El procesado admitió esta treta, pero negó ser el responsable de la muerte de don Alfonso. Sostuvo que un colombiano al que había conocido mientras recogía naranjas le facilitó el móvil y las tarjetas del canónigo y le prometió la mitad del botín si averiguaba la contraseña. La Policía, que enmarca la figura del compinche en un truco exculpatorio, no investigó al presunto colaborador del acusado.






