Lo mejor es preguntar a los padres qué prefieren antes del parto, cuando pueden contestar con tiempo de reflexión si su opción es retrasar las visitas pasadas unas semanas
Cuando nace un bebé, sobre todo si es el primero de una pareja o ha sido largo tiempo esperado, la familia y los amigos lo consideran casi el concierto de la estrella de moda y se matan por ser los primeros en contemplar a la criatura. Muchas veces hay una afición tremenda por quedar bien con los recién paridos y demostrarles en persona que su nueva situación familiar te importa muchísimo. Pero, a veces, la gente piensa más en lo que les interesa o necesitan ellos que en la comodidad o la calma del recién nacido y de los padres agotados. Por eso hay visitas al hospital que causan una gran alegría y otras que son un auténtico engorro y fuente de conflictos familiares.
No importa si los visitantes han sido padres antes y ya han pasado por la experiencia, porque a veces se les ha olvidado el tiempo que pasaron en el hospital o simplemente piensan “es que a mí me viene bien ahora”. Lo más rápido para salir de dudas sería preguntar directamente a los padres, especialmente antes del parto, cuando pueden contestar, con energía y tiempo de reflexión, si prefieren que las visitas sean en el hospital o en casa pasadas unas semanas. De esta manera, ya muestras tu buena disposición e interés por ellos y les das margen de maniobra para que se organicen.






