Javier Díaz Plaza |
Tarragona (EFE). Los tarraconenses Albert Puñet e Inma Fernández se ‘engancharon’ al fentanilo por prescripción médica sin ser conscientes de que el tratamiento para paliar sus dolores les estaba convirtiendo en adictos a un potente opioide, usado como analgésico, que les obligó a pasar por un centro de desintoxicación para dejar de estar «colocados todo el día».
Puñet, de 41 años, tuvo un accidente de moto al salir del trabajo en 2018 y sufrió una lesión medular cervical alta con tetraplejia incompleta, que le provocó un dolor neuropático crónico severo.
Tras probar distintos tratamientos, en 2019 le recetaron fentanilo de absorción rápida en forma de ‘chupachups’ con sabor a fresa. «Me tomé el primero y el dolor desapareció por completo. Pensé que los médicos habían dado por fin con la solución, pero en ningún momento me dijeron que estaba tomando fentanilo», explica Puñet a EFE.
Los especialistas de la clínica del dolor le completaron el tratamiento con parches cada tres días de liberación prolongada de fentanilo -esta vez sí le informaron, precisa-, pero con el paso de los días el efecto disminuyó y la dosis aumentó progresivamente.






